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jueves, 13 de julio de 2017

Restaurante Le Bistrot d´Antan, en Bruges Bordeaux (Francia)


Restaurante Le Bistrot d´Antan, en Bruges Bordeaux (Francia)
Situado en la avenida du Verdum en CP 33520 de la localidad de Bruges, a escasos km de la ciudad de Burdeos cerca de "Le Lac", zona recreativa muy conocida por su playa. Se encuentra este discreto restaurante en el que pude cenar el Martes 20 de Junio 2017, aprovechando mi estancia en la región para atender la feria Vinexpo 2017.


Nada mas entrar, tomar asiento y ojear la carta, se puede apreciar que nos encontramos en un lugar intimo, limpio, bien decorado y con una sala no demasiado grande pero bien distribuida. El servicio no es demasiado profesional, pero es cercano y muy agradable. Entendí al paso de la cena que este restaurante es llevado entre Thierry Mottard quien está en cocina y aplica con mucho arte sus conocimientos adquiridos durante una larga formación en el sur-oeste de Francia, y su esposa Karin quien atiende las mesas con esmero, aunque todo sea dicho con un "tacto"  y "una mano izquierda" hacia los clientes, bastante mejorable.


Esperando el primer entrante, fuimos sorprendidos por un aperitivo muy exótico, nos fue servido en vaso de gazpacho de melón cantaloup a la miel, con tiras de jamón a la plancha. Un dulce y delicioso bocado para ir abriendo el apetito y para ir dándole los primeros sorbos al vino que pedimos para esta ocasión. Un vino Tinto Cru Bourgeois 2012 con crianza durante 12 meses en barrica de roble francés, elaborado a partir de uvas Merlot 55 %, Cabernet Sauvignon 30% y Petit Verdot 15% procedentes de aproximadamente 18 Ha de viñedos propios . Un vino elaborado por Chateau Reverdi bajo el sello de calidad de la AOC Listrac Medoc. En copa se mostró de capa alta con ribete ligeramente evolucionado. En nariz se mostró muy fresco pese a tener un notable paso por barrica. Predominio de notas de frutas negras no demasiado maduras, notas especiadas y una intensidad correcta pero sin mostrar un imponente carácter... es más, lo definiría como muy discreto en nariz. En boca, su paso es ligero, con acidez muy apreciable, paso por boca corto y de persistencia media. En retronasal se mostró con algo mas de presencia pero en conjunto, este vino no será recordado ni por su complejidad, ni por su personalidad, ya que no cumplió con las expectativas creadas.


Seguidamente llegó el turno de saborear el primer plato pedido, Manitas de cerdo asadas, acompañadas de un manojo de lechuga y una muy buena salsa vinagreta que le dio una gran frescura y acidez al plato. Hacía tiempo que no encontraba este plato en un restaurante. Me llamó bastante la atención además que su presentación fue de una pieza tal y como se muestra en la fotografía, ya que me resultaba mas familiar en el recuerdo, encontrarme en el plato ciertos trozos mas pequeños.


El plato principal, "Quasi de Veau" o traducido en Espagnol, consiste en una de las piezas de ternera mas tiernas que se pueden encontrar, parte situada entre el músculo del glúteo, el muslo y la región lumbar, región próxima a la cola. La cobertura de grasa intersticial intercalada, le da esa cualidad especial que no se encuentra en otras partes de la pantorrilla, ofreciendo pocos residuos y mostrándose especialmente  en hermosas rodajas gruesas y sonrosadas. Deliciosamente acompañado por un delicado y fino Risoto al queso Parmesano, Tirabeques y un salteado de setas Shimeji entre otros elementos utilizados para llevar a cabo esta muy completa guarnición.


Finalmente, el broche final se puso con el postre, una bola de helado casero de té bergamota con un importante matiz cítrico, presentado sobre una cama de galleta crujiente emulando una tarta de limón, y acompañado de unas simbólicas rosquilletas de clara de huevo horneada. Un conjunto delicioso, refrescante e incluso aunque no lo parezca, ligero y muy fácil de comer... en pocas palabras, sencillamente delicioso.


Pese a no estar situado en una localidad considerada como zona turística, ni estar en un pueblo muy concurrido, este sitio ofrece propuestas muy interesantes que merecen la pena descubrir. Es cierto que venir a parar a Bruges nos es fácil, ya que quien viene a Burdeos, salvo que se de una vuelta por la zona norte a ver su lago, suele directamente dejarse llevar por las infinitas propuestas que se tienen en una ciudad. Pero no es malo saber que existe este lugar a escasos kms del centro de Bordeaux, y que se puede comer cosas muy interesantes, elaboradas con maestría por un equipo de cocina  con muy buen gusto y con muchas ganas de hacer cosas diferentes.

jueves, 6 de julio de 2017

Restaurante La Ferme de Bruges, Bordeaux (Francia)


Restaurante La Ferme de Bruges, Bordeaux (Francia)
Situado as escasos kilómetros de la feria de muestras y solo a 5 minutos de Burdeos, muy próximo a una de las áreas recreativas habilitadas en el lago, se encuentra este interesante restaurante en el que pude disfrutar de una interesante cena el Domingo 18 de Junio 2017, aprovechando mi estancia en la ciudad para atender la muestra internacional de vinos, Vinexpo 2017.


Habilitado entre medias de una zona verde, algo escondido pero con una decoración agradable, muy rústico aunque algunas zonas están ligeramente descuidadas. Un lugar con encanto con encanto que con el paso de los minutos pudimos disfrutarlo también de noche, con una iluminación tenue, creando una atmósfera idílica, gracias a la cual ya pudimos disfrutar de una encantadora sobremesa.
Fue en 2009 que la granja nació en este localidad francesa, con un enfoque en la decoración para transformar un simple edificio de hormigón en un oasis verde. Cada objeto consiste en decorar el restaurante para hacer viajar nuestro corazón a una granja de hace unos 50 años, con numerosos detalles como son sus fuentes, estanques de peces, patos y gallinas o gallos... todos ellos sueltos por el perímetro habilitado para restaurante.


Las mesas están dispuestas de una manera desordenada, ocupando todas las zonas habilitadas del jardín, un lugar ideal para una noche de verano, ya que todas las mesas se benefician de una intensa intimidad, gracias entre otros detalles a su decoración, su vegetación y una ambiente rural y rústico que identifica a este lugar con un carácter muy especial y entrañable.


 Al poco de tomar asiento y mirar la carta rápidamente supe lo que iba a tomar, el entrante que solicité fue una generosa cortada de foie gras mi-cuit  de pato, de elaboración artesanal por un productor local, acompañada de mermelada casera de higos y dos rebanadas de pan tostado.


El plato principal que decidí tomar, con la intención de darle continuidad al producto local, que tanto nos vino recomendando el camarero que nos atendió, fue un filete de magro de pato a la brasa con salsa de naranja, acompañado de pequeñas patatas asadas al estilo gabardina y tomate asado al estilo provenzal. Debo reconocer que visto así en la foto podría parecer otra cosa, pero doy fé que este plato estaba para quitarse el sombrero, tanto por los aromas que desprendía, como por su sabor y por supuesto por su textura. Un plato muy recomendable.


Su carta de vinos no resulta demasiado extensa, aunque dispone de una buena representación de vinos franceses, esto no llegar a ser algo representativo del local. Es cierto que los precios no resultan abusivos pero venir a Francia supone siempre tener las expectativas muy altas, por este motivo a veces es difícil contentarse con poco. Para intentar paliar las altísimas temperaturas que nos encontramos esta noche, decidimos la opción de tomar vino rosado del sur de Francia, procedente de la zona "Cotes de Provences" elaborado por Domaine Saint Andrieu. Un región que tanto prestigio a obtenido estos últimos años gracias a la elaboración de este tipo de vinos rosados, con un color rosado muy pálido, tan atípico en España, pero tan bien aceptado en el mercado internacional en general. Un vino ligero con marcado carácter frutal y un predominante aroma de membrillo, bien combinado con notas floras, además de transmitir un ligero matiz fresco y cítrico, con paso por boca estructurado y de gran postgusto con largo final. En definitiva, un muy buen vino.


Como era de esperar, la sobremesa se hizo larga y pudimos contemplar como lentamente la tarde nos iba ganado terreno al día, dando paso a la noche. En ese momento fue cuando definitivamente la magia de este lugar nos terminó de cautivar. Su iluminación, su jardín, sus sombras, su inspiración bohemia y esa sensación de bienestar que nos iba invadiendo, tocó a su fin cuando legó el momento de tener que marcharnos de este lugar coqueto y agradable.


Llegado el momento de pagar, fue cuando vimos el restaurante por dentro, un interior habilitado para cualquier otro momento del año, excepto para el verano. Comedor amplio con chimenea, todo de madera y muy acogedor, pero como evidencia la foto, totalmente vacío en estas fechas, ya que lo que realmente hace de este lugar algo mágico, es su terraza y su jardín.
Espero muy pronto tener la ocasión de poder volver, ya que me quedé con las ganas de pasar mas tiempo, y de disfrutar de otros muchos platos propuestos por su simpático camarero.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Restaurante Bsamel, en Valencia (España)


Restaurante Bsamel, en Valencia (España)
Situado en el nº 9 del Paseo de la Alameda en el que fui a comer el Sábado 18 de Febrero 2017 aprovechando un oferta encontrada en Groupon, y por supuesto aprovechar esta buena escusa para celebrar en pareja el día de los enamorados. Tal vez este sitio sea un buen lugar para disfrutar de su imponente terraza, pero su orientación desmesuradamente soleada puede jugar malas pasadas si no se prevé una buena sombrilla o alguna sombra provista por algún árbol colindante. Ante la duda, mejor pedir asiento dentro, antes de que de padecer al sol y no disfrutar de la comida.


Al entrar, lo primero que vemos a mano derecha son una neveras a modo de simbólica "boutique" de productos gourmet, ofertados e ideados para que sin muchos agobios, podamos comprar para llevar algunos de los alimentos más exclusivos que a su vez pueden ser consumidos tanto en barra como en sala. Un buena idea para que todo aquel que quiera disfrutar en casa, de aquello que le haya podido llamar mas la atención.



Nada más tomar asiento, fuimos obsequiados por una copa de Agua de Valencia, popular bebida local elaborada principalmente a partir de zumo de naranja natural, además de un poco de cava y alguna gota de algún licor (este toque personal puede variar en función la receta empleada, pudiendo contener por ejemplo un poco de Cointreau, Vermouth Blanco, Licor 43...etc). Al venir por la promoción anteriormente citada de Groupon nuestro menú ya estaba cerrado, pero no pude evitar la ocasión de ojear sur carta, diseñada a modo de periódico francés con un importante toque retro, me puse en contexto, para conocer el tipo de cocina que mejor podría identificar este local.


El primer entrante, huevo de corral roto con jamón reserva, con patatas confitadas al horno y pimentón de la Vera. Un presentación cuanto menos curiosa, buena impresión y emplatado muy original, las patatas bastante melosas de textura agradable y sabor bien combinado con la crema de yema en su base. Seguidamente, la clara muy espumosa sirvió de base para seguidamente disponer el jamón encima. Un plato reinventado, muy interesante, llevado a cabo de una manera ingeniosa, utilizando para ello buena materia prima. Hay que probar este plato si o si.


El segundo entrante fue un Canelón de pasta artesana relleno de pato confitado y foie, todo ello presentado con finas láminas de almendra por encima, y sobre una cama de una buena y delicada crema bechamel. No cabe duda que no es por casualidad que esta crema sea la que le da el nombre al restaurante, y queda claro que a su vez sirve un poco de estandarte de cara al comensal, ya que como pudimos comprobar al tratar esta parte del plato, pudimos constatar una nota de diferenciación con respecto a esto mismo, encontrado en otros lugares.


El plato principal, cochinillo deshuesado y confitado 12 horas a baja temperatura, al aroma de romero, asado en horno panadero y presentado con patatas a lo pobre. Sinceramente me quedé un poco decepcionado por la ración tan pequeña, tal vez debido a que estaba bastante rico y tardé muy poco en terminármelo, pero quiero recalcar que sin ser muy codicioso, una porción notablemente mayor hubiera sido de agradecer. La guarnición, las denominadas patatas a lo pobre, o al menos así lo llaman, tiene mucho margen de mejora, ya que ni por presentación, ni por cualidades, puede esta triste guarnición ser digna acompañante de tal deliciosa carne, tan bien elaborada.


Para finalizar destacar este postre casero, una tarta de tres chocolates de apariencia muy corriente, pero con un sensible punto diferenciador, una base de la misma con una imponente textura muy crujiente, semblante a algo similar a un Kit-Kat... este detalle me dio una buena idea, a la hora de tener que reproducir esta tarta.
En conjunto, este restaurante de cocina de mercado ofrece un servicio muy profesional, cercano y atento, con un buen trato al comensal. Dispone de platos elaborados de manera casera con una marcada creatividad, se podría identificar como cocina mediterránea con productos autóctonos y con una cuidada elaboración, pero todavía no me terminan de encajar demasiado bien, los precios relativamente altos que ofrece su carta, en comparación con lo que se muestra en los platos. Este lugar no es demasiado barato, por eso recomendamos que si tenéis interés por disfrutar de sus platos y su ambiente, imperativamente no dejéis escapar la oportunidad de reservar vuestro Groupón mientras esté disponible, ya que es la única manera de realmente disfrutar a un precio inmejorable, de todo aquello que os termino de describir.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Restaurante Pilas Bonas, en Manzanares (Ciudad Real)


Restaurante Pilas Bonas, en Manzanares (Ciudad Real)
Edificio histórico, rehabilitado para uso exclusivo de restauración y hospedería, situado en el centro del casco antiguo de Manzanares, más concretamente en la plaza San Blas, y que por motivos de mi paso por esta ciudad a provechando nuestra visita a la feria Fenavín 2017 de Ciudad Real, tuve la ocasión de venir a cenar el Martes 9 de Mayo 2017.
Desde su exterior ya sorprende su arquitectura, precisar que nos mostramos ante un edificio original del siglo XIII, totalmente reformado en su interior y debidamente acondicionado, para disfrutar en armonía de los placeres culinarios que se elaboran en sus fogones. El Castillo de Pilas Bonas, es una fortaleza medieval recuperada para disfrutar del encanto de ayer con las comodidades de hoy.
Fue construido por la Orden de Calatrava para asegurar el dominio de su emplazamiento una vez deslindados los términos con la Orden de Santiago en 1239. Está enclavado en la localidad de Manzanares, punto geográfico estratégico a día de hoy, ideal para descubrir tanto la interesante Ruta del Quijote: Almagro, San Carlos del Valle, Argamasilla de Alba, Villanueva de los Infantes, Lagunas de Ruidera; como la belleza de los cercanos Parques Naturales de ”Cabañeros” y las “Tablas de Daimiel". El Castillo de Pilas Bonas está incluido en el Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Interés Histórico-Artístico, realizado por el Ministerio de Cultura en el año 1979.


A los pocos minutos de pasar por la puerta y manteniendo nuestra espera, hasta ser acomodados en la mesa que fuéramos después a ocupar para la cena, ya pudimos contemplar sus encantos arquitectónicos tomando un aperitivo en la barra habilitada en su antesala, un espacio informal para uso más de diario y entre-horas. No quiero pasar por alto en este punto, el hecho de poder tomar aquí por copas, vinos de alta gama tan prestigiosos y de la talla de Vega Sicilia, Pintia y Pago de los Capellanes, entre otros.


Pasados unos minutos, nos vino a buscar el camarero para darnos acomodo y poder así dar comienzo con nuestra cena. Tuvimos que recorrer algunos metros hasta llegar al comedor, pero dicho paseo nos permitió contemplar con entusiasmo los detalles y la increíble belleza de este lugar, como si de un viaje al pasado se tratase, ya que gracias al estado de conservación del edificio, junto a la grandeza de sus detalles más castizos y pintorescos, nos hizo sentir por unos instantes,  unos seres de noble linaje recorriendo los pasillos de su castillo.


Una vez sentados y después de ojear con detenimiento la carta, pudimos en primer lugar constatar, que los platos ofrecidos iban sin lugar a dudas colmar todas nuestras expectativas. Ya que venimos a este lugar, por recomendación expresa de un conocido, aunque nunca se puede saber con certeza lo que se puede encontrar uno, hasta que realmente no se experimenta.


Al poco de pedirle al camarero los diversos platos elegidos para disfrutar de este recorrido gastronómico, fuimos honrados por cortesía de la casa por un salmorejo muy interesante, fresco cremoso, sabroso y presentado con finas cortadas de jamón ibérico, ligeramente tostadas. Un plato ideal para ir abriendo boca.


Opté de entrante por unos deliciosos raviolis rellenos de foie, acompañados por una crema velouté de setas variadas. La textura de la pasta, al dente, fue muy acertada, pero tal vez le faltó un poco de cremosidad a su interior, ya que pecó un poco de entereza. Su crema, resultó intensa y bien equilibrada tanto por su sabor, como por la armonía presentada con la pasta y su relleno. A saber que pese a tener un pequeño margen de mejora  en la elaboración de este plato, es interesante citar que no estuvo nada mal.


De plato principal, elegí una deliciosa ración de lechona (cochinillo) asado al estilo medieval, llevado a la mesa en una campana con humo en su interior, para seguidamente ser esta abierta justo delante de mi y embriagarme con sus primeros intensos aromas, todos ellos bien combinados con unas notas ahumadas, voluntariamente bien producidas gracias a este modo de servir.

Tal vez en el plato, su presentación resultó ligeramente austera, ya que no hubiese visto del todo con malos ojos, compartirlo con algo de verdura o con algún otro ejemplo de guarnición. Pero pude contener mi ligera decepción contrastando los sabores salado/ dulce, gracias a dos muestras de cabello de ángel. El plato en sí resultó delicioso, ya que a su favor quiero ensalzar su textura enormemente crujiente, todo ello bien conjugado con un sabor sobresaliente.

Los vinos elegidos para acompañar esta velada, fueron un vino Epílogo Blanco cosecha 2016, elaborado a partir de uvas Sauvignon Blanc y Moscatel, un vino fresco y ligero, muy afrutado, ideal para disfrutar de manera muy agradable, de los primeros compases de la cena. Seguidamente, optamos por tomar un vino Tinto Yuntero Crianza cosecha 2013, elaborado a partir de uvas Tempranillo y Petit Verdot, con crianza durante 6 meses en barrica de roble americano. Un vino de perfil más serio, con un comportamiento en copa ligeramente rústico, con unas pequeñas muestras de evolución en su fase visual y olfativa, pero con un paso por boca estructurado, con buen volumen y peso en poca muy notable. Ambos vinos elaborados bajo el sello de calidad de la D.O. Mancha, en la Cooperativa Jesús del Perdón - Yuntero, una de las más importantes de España, tanto por volumen de uvas procesadas en cada campaña, como por el trato cualitativo llevado a cabo en todas las fases de su elaboración.


El broche goloso a esta copiosa cena, lo puse con uno de los postres caseros recomendados por el camarero, opté por un untuoso lingote de chocolate negro, sobre una crema de textura similar a una natilla, pero a su vez también elaborado con un porcentaje importante de chocolate blanco. Todo acompañado de unos pocos crujientes y un toque de canela. Todo ello presidido por una bola de helado casero, elaborado a partir de frutos rojos.


Por terminar este post, quiero hacer mención especial al servicio tan profesional que nos prestó el camarero (o en este caso mejor llamarle, "el jefe" de sala), bien es cierto que no resulta habitual llenar un martes por la noche este tipo de restaurantes, pero también estoy seguro que desde la gerencia no pararon a pensar que tal noche como hoy martes, fuesen a llenar tantas mesas como las que nos dimos cita. Tal vez este fuese el motivo por el cual, toda la sala tuvo que ser atendida únicamente por una persona, pero vaya de que manera tal magistral supo este joven, desenvolverse entre tanta petición y obligación. No descarto volver a este lugar, tan pronto como me sea posible, ya que me quedé con ganas de conocer más a fondo, otras de sus sugerentes propuestas ofrecidas en su carta.

domingo, 26 de marzo de 2017

Restaurante Casa Francisco, en Socuéllamos (Ciudad Real)


Restaurante Casa Francisco, en Socuéllamos (Ciudad Real)
Situado en la C/ San Francisco, 69 de esta localidad manchega, en el que fui a comer el Miércoles 15 de febrero 2017. Con apariencia de bar de pueblo, este muy buen restaurante es a día de hoy un lugar muy llamativo y atractivo, para venir a disfrutar de una materia prima de primer nivel, elaborada de una manera cuidadosa. Al los pocos minutos de entrar, para abrir boca ya teníamos sobre la mesa unos platos de tomates de huerta troceados, junto a unas deliciosas anchoas del cantábrico. En otro plato, unas cortadas de cecina de León


Una de las cosas mas curiosas y anecdóticas fue el momento de elegir el plato principal, ya que en lugar de perderse entre las letras de la carta, se nos acercó Paco, el dueño, ayudado por una camarera con unas bandejas de carnes y pescados, todo ello muy fresco y apetitoso, para sugerirnos diversas posibilidades para el plato principal, y claro ante tanto y tan bueno, uno se debe decidir rápido, pero os garantizo que con cualquiera de las opciones propuestas hubieramos ampliamente acertado. ¿Sabéis ya que me pedí?... luego os lo cuento!


Seguimos con los entrantes, para continuar abriendo boca unas pocas gambas arroceras a la plancha, que con lo que debo reconocer que últimamente me cuesta mucho encontrar en la costa mediterránea, pescados y mariscos tan frescos y a tan buen precio, como el que consigo tomar en estos pueblos manchegos.


Seguidamente, sirvieron un delicioso magro de cerdo cocinado en salsa de tomate, una verdadera delicia, ideal para incluso mojar ese pan de hogaza, tan bueno, tan raro y tan peculiar. Por añadir una nota curiosa, este plato lo estaban sirviendo este día como tapa de la casa para acompañar la cerveza o el vino que los lugareños disfrutaban en este mismo momento, antes de marchar a casa a comer, sin duda un excelente aperitivo.


Llegó el turno del plato principal, ¿habéis acertado? Pues efectivamente, como ya me conocéis, no he podido evitar sucumbir a la tentación de disfrutar de una deliciosas chuletillas de cordero lechal, a la brasa. Tiernas y crujientes, muy sabrosas, realzadas con un toque fresco de limón, sigo salivando mientras escribo y recuerdo ese instante en el que durante los pocos minutos que me enfrenté a este plato, disfruté de unas cualidades tan singulares que sólo estas chuletillas son capaces de producirme. La guarnición fue muy mejorable, pero en fin tampoco vayamos a despreciar unas buenas patatas para acompañar en textura a esta carne.


Para poner punto y final a esta buena comida, el postre que pedí fue una bola de helado como si de leche merengada se tratase, con trozos de turrón. Muy bueno, aunque algo pesado y dulce en exceso, para poderlo disfrutar a estas alturas de la comida,


Merece la pena desviarse del camino para venir a expresamente a comer. Su trato y su servicio san estrechamente de la mano a su calidad y su buen precio. Vuelvo a decir, que con apariencia de bar de pueblo, este lugar es un restaurante de buen nivel, con buenas propuestas de cocina tradicional manchega.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Restaurante Les Bains, en Montpellier (Francia)


Restaurante Les Bains, en Montpellier (Francia)
Edifico antiguo rehabilitado para poner en servicio este coqueto y muy acogedor local de cocina típica francesa. Buen restaurante que puede presumir de cambiar su carta casi todas las semanas, situado detrás del famoso teatro Moliére (muy cera de la "Place de la Comédie"), en el número 6 de la calle Richelieu, en la ciudad francesa de Montpellier, en el que disfruté de una muy atractiva cena, el Martes 31 de Enero 2017.


Desde el exterior se aprecia un edificio antiguo que data del 1770, posteriormente reformado y actualizado en 1998, para dar uso a estos antiguos baños a un buen restaurante que todo amante de la buena mesa debe apuntar en su agenda y no perder detalles en el caso de tener la oportunidad de visitar esta hermosa ciudad. El patio con palmeras permite el almuerzo en un entorno tranquilo rodeado de viejas cabinas de ducha transformado para la ocasión en varias zonas de comedor y todo ello rodeado por una marquesina metálica que conecta todos. Los ladrillos de las paredes se conservan, suelos de madera, alfombras, molduras y sillones de terciopelo en varios colores marcan la pauta de un decorado ambientado en una Francia clásica del siglo XIX.


Su carta es variada con notable presencia de carnes elaboradas de manera tradicional, pero a su vez existe la posibilidad de disfrutar fuera de carta, de un menú muy completo a la vez que bastante asequible, si tenemos en cuenta la relación calidad/ precio, el entorno, el servicio y la atención por parte de todo el personal, ya que además de ser un martes por la noche, el local casi rozaba el lleno, y para nada fuimos perjudicados por este detalle a la hora de ser atendidos.


Una vez sentados, fuimos atendidos por el camarero responsable de nuestra sección. Un trato cercano, serio, profesional, elegante, con grandes dotes comunicativas y con amplios conocimientos de su oficio, todos esos valores reconocidos pese a su insultante juventud.
Como ya viene siendo habitual, antes de servir el primer plato, ya pudimos catar y saborear los primeros sorbos del vino elegido para esta ocasión, un vino tinto añada 2014, elaborado por Bret Brothers SARL y con el sello de calidad de la AOC propia al municipio francés de Morgon situado en la región de Beaujolais el sur de la borgoña. Un vino de capa baja con apenas 5 puntos de color, notas muy frescas en nariz, recuerdos a frutos rojos sin madurar y aromas vivos sin apenas mostrar notas de crianza. En boca, se identifica por su carácter verdoso, matices ácidos de postgusto corto y peso en boca liviano, y vino muy fácil de beber y que a su vez caracteriza a su homólogos elaborados en esta misma región. Un vino muy correcto, elaborado con uvas 100% Gamay procedentes de viñedos en cultivo ecológico y con una producción no superior a 3.000 botellas para esta añada 2014. Señalar que según mis propias percepciones, este vino dista mucho de aquellos perfiles más oscuros, concentrados y tánicos, que acostumbramos a elaborar y a tomar en España.


Para abrir boca, y para poder acompañar algo de comida con los primeros sorbos de nuestro vino, fuimos rápidamente obsequiados por un detalle de la casa, una mousse de queso de cabra, con un fondo de marisco y conjugado con notas de cebollino y finas hierbas.


Para el entrante opté por tomar un Foie Gras de Canard Mi-cui, sobre una compota de pera y manzana, presentado en un tarro de cristal y acompañado con unas tostadas de pan antiguo y unas hojas de lechuga a la vinagreta. Un plato rustico, tradicional, muy representativo de la gastronomía típica francesa. Una delicia que en pocos minutos pasó a formar parte de la historia de esta cena.


Seguidamente, pedimos para compartir la sopa de Bogavante Fresco al cilantro, con un generoso fondo de gambas, una cama de arroz inflado y unos trozos de pan todavía tostados, obviamente esta expresa recomendación del chef quedó marcada con nota muy alta en mi memoria, gracias a su inconmensurable sabor, acompañado de un ligero picor muy apropiado e ideal para todavía realzar incluso mas sus cualidades. A día de hoy puedo sinceramente considerar que este plato es la mejor sopa de marisco que he tomado en mi vida, y a partir de este momento prestaré incluso si cabe con mucha mas atención, con la idea de comparar y descubrir como mínimo, otra igual que esta.


Para el plato principal y siguiendo las recomendaciones de nuestro atento camarero, me dejé llevar por una de las propuestas mas representativas de este restaurante. Pedí un Filet Mignon de ternera joven, cocinado a baja temperatura, sobre una cama de boletus troceados a la plancha, conjunto realzado con pimienta Timut (Baya procedente de Nepal),  acompañado de puré de patata, tomate cherry asado y una peineta de queso mozarella. Un delicioso conjunto fundamentalmente recordado por la textura y el sabor de la carne, sin desmerecer la calidad de su muy acertada guarnición.


Finalmente, y para poner un dulce broche a esta copiosa cena, el mejor postre para la ocasión no pudo ser otro que un poco de fruta. Para tal me decanté por una macedonia, fresca y ligera, elaborada a partir de frutas de temporada y graciosamente decorada con un par de ramas de espliego.
Una cena para el recuerdo, un local para no olvidar y un excelente sabor de boca que me obligará muy ciertamente a volver a este restaurante, durante mi próxima vista a esta ciudad.

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